jueves, 27 de marzo de 2008

Retenciones: ni tanto, ni tan poco

Estás últimas 48 horas han marcado el pico de tensión más alto entre el gobierno nacional y las entidades del campo. A los catorce días de paro se le sumó desde hace dos noches, el regreso del cacerolazo. Miles de personas se manifestaron en las principales plazas de muchas ciudades del país, expresando su adhesión al empobrecimiento de la gente del campo.

Todos tienen razón y todos se equivocan.

Sin duda que no es una medida agradable el establecimiento de retenciones a la renta extraordinaria que reciben los productores del campo merced al altísimo precio de los commodities en el mercado internacional. No obstante ello, hay que recordar que si bien el objetivo primario es recaudatorio, existe también la necesidad de contener los precios internos. Todos hemos padecido en distintas épocas los intentos de igualar a valores internacionales el precio de la carne, los lácteos, la nafta, etc. De ahí que es una herramienta de política activa de un gobierno en materia económica y se ha constituido en los últimos años en el motor de la reactivación económica de la Argentina, en ese sentido el aporte del sector del agro es de resaltar.

No obstante corresponde aclarar que los grandes productores del campo no son carmelitas descalzas o que estén al borde de la hambruna; del 2002 al 2006 la rentabilidad del sector se ha incrementado en un 40% respecto a los últimos cuatro años de la convertibilidad. (Fuente: Saller, Germán. “Retenciones, dólar alto, inflación y rentabilidad agrícola en Argentina. ¿De qué se queja el campo? “Sitio web del Instituto Argentino de Desarrollo Económico), esto sumado a un tipo de cambio alto ha generado una ultra rentabilidad, que fue tomada en parte por el estado para salir de la crisis del default.

La necesidad y oportunidad de las retenciones ha sido reconocida por los mismos productores, lo único que ellos piden es que las mismas, se mantengan en niveles más moderados y es aquí donde el Poder ejecutivo ha cometido el primer error al no establecer escalas o categorías de tributación, el segundo gran error es el de no coparticipar a las provincias del monto recaudado para que puedan atender las necesidades en materia de salud, educación e infraestructura de los aportantes, y el tercer gran error lo constituye la falta de entendimiento que, en un marco de alta presión inflacionaria, la ganancia del productor agrario por los altos precios internacionales, se reduce, castigando especialmente al pequeño y mediano productor. Los pooles de siembra, compra y exportación de granos tienen maneras de protegerse ante el afán recaudatorio.

¿Cómo sigue la película?, seguramente veremos una renuncia del Ministro de Economía, Martín Lousteau, el gobierno buscará recuperara la iniciativa política nombrando como su reemplazo a una persona que merezca la confianza de distintos sectores (¿Lavagna?) y reordenando el cobro de retenciones en beneficio de los sectores más débiles del agro. Sin embargo, el gobierno saldrá fuertemente debilitado de esta crisis, por un aparte ya está planteado el tema de la coparticipación entre Nación y Provincia, los Gobernadores están sintiendo la presión desde el interior mismo de sus provincias en éste aspecto; la interna justicialista muestra algunas grietas importantes y por sobre todo, el impacto psicológico de los cacerolazos le han hecho perder al Kirchnerismo la sensación de blindaje y la aureola de invencibilidad que los rodeaba.

Esta crisis abre otras discusiones sobre el destino de las retenciones más allá de la coparticipación y los subsidios a otros sectores como el lácteo o el cárnico. Debería destinarse una parte a la investigación en materia de semillas y su mejoramiento como también en la creación de un fondo para preservación del medio ambiente y paliar las consecuencias del monocultivo y el empobrecimiento de los suelos. Debemos pensar en las generaciones futuras y en las condiciones de sustentabilidad de la Argentina en todo sentido.

Alejandro Carranza

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