sábado, 19 de febrero de 2011

Futuro y racionalidad

Construir futuro -en sentido positivo- asociándose con quienes destruyeron el presente, brindando impunidad y "blanqueando" a personajes siniestros aparece como una imposibilidad. No basta con un tatuaje estratégicamente ubicado, con sonreír sin decir nada, con asentir condescendientemente para los necesitados, los excluidos.

Construir futuro es, sin duda, tener el arrojo y la libertad de tomar decisiones trascendentes sin pensar en la "devolución de favores". Es éste el requisito fundamental.

La libertad para las mujeres y hombres en política proviene de una trayectoria alejada de la corrupción en todas sus formas, de haber tenido la autonomía que da el recordar para qué se buscó una representación y por tanto, sobreponerse a las tentaciones del poder y apostar siempre por el ideal, por el bien común.

En este orden de cosas resulta un detalle menor si se ha pasado por más de un partido, si se han precipitado rupturas internas o externas porque la verdadera responsabilidad institucional trasciende quórums o reuniones, diálogos vacuos y sin sentido. La verdadera responsabilidad consiste en la defensa irrestricta del orden constitucional, en alcanzar la equidad y la igualdad, en preservar la esencia republicana -(no es mantener prebendas, obviamente).

A Elisa Carrió se la critica por su modo decir las cosas, por adjetivar de manera incomoda para el oyente. Sin embargo generalmente no se discute el sustantivo, lo sustancial, lo principal. El adjetivo acompaña al sustantivo lo sabemos todos desde la época escolar.

Ahora bien al corrupto no existe otra manera de llamarlo, deberíamos decir "persona que no ha podido mantener el irrefrenable deseo de tomar lo que no es suyo" o "equivocado emprendedor que no comprende que debe arriesgar su propio capital para generar riqueza personal", no, es corrupto lisa y llanamente.

También incomoda la interpelación que Carrió hace al ciudadano; pero justamente por ser el ciudadano una persona adulta y madura se lo interpela, buscando un cuestionamiento a la realidad, al modo de abordarla. De esa fricción salen las conclusiones que indefectiblemente nos llevan a tomar la decisión de mantener el estado de cosas o promover cambios. Es una manera contraria al sistema paternalista, de culto a la personalidad, del maniqueísmo.

La emancipación del ser humano implica el libre ejercicio de la voluntad, en materia de política implica la posibilidad de ejercer su elección sin ser víctima de la infamia de pensar en las consecuencias de apartarse de tal tutelaje.

Por eso elegir futuro es cuestionarse, cuestionar, ir más allá del adjetivo, ver lo sustancial y asumir la responsabilidad de ser partícipe en la generación de los cambios necesarios.